Este es el artículo que escribí para la tercera y última entre de la serie “Familias diversas”, producida por Vice México.

El sexo y la sangre han sido las bases a partir de las cuales las relaciones entre las personas se han tenido que construir para que se consideren “familia”. El matrimonio es el ejemplo perfecto de esto: dependía de una relación entre dos personas que se unían sexualmente. Sin este componente, de acuerdo a la tradición, no se consumaba un matrimonio. En el modelo clásico, la base de las relaciones entre padres e hijos, hermanos y hermanas, tías y sobrinas, abuelas y nietos, era el vínculo biológico que compartían; vínculo que idealmente surgía gracias a la unión sexual de la pareja matrimonial. En distintas formas, esta concepción de la familia persiste actualmente. Se sigue creyendo que no hay nada como el sexo para unir a las personas y que no hay nada como la sangre para garantizar la permanencia de estos vínculos. Sin sexo o sin sangre, se dice, no hay familia. Hay, en el mejor escenario, “amistad”.

Existen relaciones que desafían esta concepción. Que demuestran que ni el sexo, ni la sangre garantizan el afecto, el respeto, el cuidado o la armonía. Y que permiten ver que no es necesario que exista un vínculo sexual o biológico para que las personas se procuren o se apoyen como se supone “una familia” debe hacerlo. Esta tercera y última entrega de nuestra serie Familias Diversas está dedicada a mostrar precisamente estos límites del concepto tradicional de la familia, a través de las historias que relatan las personas que integran tres de las Casas Vogue que existen actualmente en la Ciudad de México: House of DragsHouse of Machos y House of Apocalipstick.